
En estas tardes de final de temporada, donde la luz ya indica que asoma el invierno por los vomitorios de los tendidos, el que partía como el tercero, a la sombra del artisteo de un Morante ya cansado de temporada, y un Aparicio hinchado y fuera de lugar, se alzó con la puerta grande tras una faena a su primero iniciada con su habitual pase cambiado en la boca de riego de las Ventas. Continuó con una seguridad pasmosa asentada en un trazo muy largo en sus pases y la muleta siempre delante de la cara de un jabonero sucio que embistió noblemente. Las zapatillas atornilladas al albero en cada pase, la figura estilizada y fibrosa como el que comienza la temporada, su rictus de como que no pasa nada, y unos trincherazos que volvieron locos al respetable. Estocada certera y dos orejas en Madrid que saben a gloria a este francés que a la sombra de los José Tomás, Perera, Morante, etc... va a culminar la temporada en todo lo alto y con un regusto inmejorable.
El detalle: Los cuellos de su chaquetilla azul marino y oro, simulando los cuellos dieciochescos de la soldadesca revolucionaria francesa.